CREZCO
Actualizado: 30 jul 2020
Voy creciendo, cada día, cada momento, con cada situación, con cada sentimiento; crezco aunque no siempre haga conciencia de ello.
Crecer implica paciencia, nada crece de la noche a la mañana; incluso Dios pudiendo crear todo en un segundo se tomó su tiempo, dedico un momento a cada cosa (Gn. 2,2).
Crecer implica transformación, no es dejar de ser, es seguir siendo pero de un modo distinto, mejor, más intenso. Y no podemos asociar la transformación sólo a un estado material o físico, vamos más allá, es la transformación del pensamiento, del modo de ver y percibir lo que nos rodea, es la transformación de la consciencia (que es el conocimiento de la propia existencia, la capacidad de percibir la realidad y reconocerse en ella), y fortalecimiento de la conciencia (que es la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, es un conocimiento crítico y reflexivo de la realidad); la importancia de esto está en que nos lleva a la trascendencia, es decir, a comprender y vivir el hecho de que no solo estamos en el mundo material que vemos y sentimos, sino que formamos parte del mundo espiritual, infinito, eterno, que somos de Dios.
Entonces podemos hablar con más certeza de que vamos también creciendo en Dios, aunque no siempre como quisiéramos, si realmente observamos de forma detallada nuestro crecimiento hasta el día de hoy podemos darnos cuenta de que en nosotros ha crecido el trigo y la cizaña; y es donde Jesús dice: “Dejad que crezcan juntos hasta la siega” (Mt. 13, 30); porque llegará el momento en el que la cizaña será arrancada, pero a su tiempo; quien sabe más de agricultura seguro entenderá que si la cizaña esta enredada en el trigo al arrancarla se corre el riesgo de dañar el trigo bueno y perder la cosecha, por lo que hay que saber esperar el momento oportuno para hacerlo. Dios que es el dueño del tiempo sabe el momento preciso en el que quitará de nosotros la cizaña que ha ido creciendo.
Por lo tanto, mientras vivamos seguiremos creciendo, como lo aprendí del Padre José María Pujadas “El hombre no es, el hombre se va haciendo”, y mientras sigamos de peregrinos en esta vida sepamos disfrutar del camino, démonos un espacio para sentarnos y contemplar el paisaje, para agradecer al dueño de la vida y del tiempo (Dios) por todo lo vivido.
Confiemos en el Creador, que hace crecer todo, que da aliento y vida a cuanto existe; Él acompaña, cuida y fomenta nuestro crecimiento. Que vivamos con la certeza de que crecemos porque Él nos da lo necesario para ello.




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